En todas las casas de los inmigrantes caraqueños a los que he visitado siempre hay en sus recibos una foto o un cuadro del cerro Ávila (incluyéndome).  Cuando el recuerdo se une a la canción de IIan Chester “Cerro Ávila” , (Voy de Petare, rumbo a la Pastora contemplando la montaña que decora mi ciudad, llevando matices de la buena aurora con la fauna y con la flora de un antaño sin igual y sabe Dios los pintores, las paletas, cuanta pluma del poeta, cuantos ojos encontraron un momento de solaz, y digo yo, vas regalándole al día carga de buena energía vas haciendo más humano mi sentir y mi cantar… cerro Ávila, cerro Ávila… ), no hay venezolano que se resista a una nostalgia infinita que lo estremezca y le ague los ojos. El parque nacional El Ávila (conocido oficialmente como Parque nacional Waraira Repano) se ha convertido en un símbolo del nacionalismo. Es el pulmón vegetal de la ciudad, separándola de la Guaira y el mar caribe. El teleférico, el hotel Humboldt, Galipán… cuantos recuerdos de fines de semana observando a Caracas desde las alturas o de subir por Sabas Nieves o por La Julia para hacer ejercicios o paseos ecológicos. Esa montaña gigantesca que a los inmigrantes se nos encoje lo suficiente para caber en nuestras salas y en nuestros corazones; es lo único que permanece incólume observando detenidamente los desvaríos que sufre la ciudad. Esa misma montaña es la que le ha dado nombre a la nueva novela de nuestro fecundo escritor Juan Carlos Méndez Guédez, orgullo de los venezolanos que ya se perfila como uno de los mejores escritores hispanoamericanos. La novela esta dedicada a un amigo de Juan Carlos (Ricardo Azuaje) que le contó una leyenda sobre el Dios indígena Amaliwaka. Este petrificó una ola gigantesca que venía contra Caracas y que permanece detenida como una amenaza constante. Si quieren leer más sobre esta interesante leyenda tendrán que comprar el libro y remitirse a la página 125 para leerla completa. Al final de la novela hay otra preciosa y nostálgica referencia al título.

No se puede concebir esta novela sin la presencia de su principal personaje: Magdalena Yaracuy, una detective que además es bruja, Maríalioncera, pícara, divertida y muy  sensual. Dotada de unos instintos que le permiten actuar con fuerza y valentía. Es ruda y decidida, tanto como para perforarle con un bolígrafo el ojo a un chico que la ataca (esas líneas me impactaron, pero eran necesarias para darle la fuerza que el personaje necesitaba para lo que debía enfrentar en el futuro del libro),  pero sin dejar por esto de tener una sensibilidad extraordinaria para disfrutar de una pieza de Bazzini o leer junto a su amante José María las novelas de  Severo Sarduy, o disfrutar del Maigret de Simenon  y hasta de Hemingway  o ir a los museos a observar las esculturas de largas extremidades de Giacometii.

Juan Carlos dijo en una entrevista no hace mucho, que para construir un personaje, mezclaba tres o cuatro personas y luego les agrega todo lo que su imaginación pudiese aportar, resultando que los personajes literarios fueran entonces más interesantes y plenos que la mayoría de las personas.  Magdalena es humana y verosímil, tiene un pasado de abandono que refleja en las relaciones con sus parejas.  Una cosa es cierta, todos quisiéramos conocer a Magdalena y que esta nos rescatase de la tragedia en la que vive Venezuela del mismo modo en que esta trata de rescatar a Begoña, la hija de un importante político español atrapada entre las bandas de colectivos, narcotraficantes, políticos corruptos y guerrilla rampante que se debaten el poder bajo la inmerecida sombra del Ávila.

Magdalena tal cual como su autor creador vive atrapada entre dos áreas geográficas separadas por el Atlántico, al sentirse ciudadana de dos lugares a los que quiere con intensidad: Venezuela y España.

En una entrevista para la agencia EFE. Juan Carlos Méndez describió así a Magdalena:

“Magdalena Yaracuy es como son hoy día muchas mujeres que escapan de los conceptos en los que las podían haber encasillado el machismo, pero también el feminismo. No son correctas, ni viven pendientes de cumplir con un manual, ya no el de los hombres, sino el de nadie”.

Magdalena se ha convertido en una mujer pública y fácil de encontrar. Si quieres conocerla no tienes más que abrirla las páginas de La Ola detenida.

 


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